miércoles, 20 de octubre de 2010

Día de la Madre: Santa Fe. “Yo soy la mamá del corazón porque los amo y los cuidé”

17 de Octubre Día de la Madre - En Santa Fe

Marina Quintero es madre, abuela y trans. Desde los 23 años se encargó de la crianza de una nena y un nene, sus hijos. Hoy ya es abuela, de una beba de dos mes, y cuenta cómo fue la maternidad.

Marina Quintero tiene más de 40 años y desde los 11 empezó a vivir su verdadera identidad, ésa que no coincidía con lo que decía el documento. El camino no fue fácil, si bien hubo mucha gente que la apoyó y acompañó en esa transformación, también encontró mucha discriminación, incluso desde su propia familia. Sin embargo, esa situación nunca la desalentó y siguió luchando por tener la vida que soñó desde chica. Hoy tiene su propia familia y se prepara para celebrar el Día de la Madre. “ La maternidad es la cosa más bella que Dios pudo haber puesto en la Tierra. Los hijos son toda la felicidad del mundo”, afirmó.

Marina es mamá y abuela y también es trans. Si bien sus hijos no son biológicos, sí son del corazón. Ella los crió, los cuidó, los acompañó y les dio todo el amor que una madre puede dar. “ Una pelea mucho por sus hijos. Ellos crecen y una va acompañándolos, ayudándolos y protegiéndolos. Siempre es un orgullo tenerlos”, dijo.

Y, para quienes crean que la maternidad está ligada a una función biológica, agregó: “No soy la mamá porque los tuve sino porque los amo y los cuidé siempre. Soy la mamá del corazón. Es la verdad, no estoy inventando nada”. Volverse ella

Marina siempre supo que no era lo que decía el documento y a los 11 años decidió enfrentar al mundo como realmente era: una mujer. La decisión, para algunos prematura, fue una liberación para ella, aunque le costó un enfrentamiento muy grande con su familia. Su padre nunca la aceptó y decidió internarla en un albergue de menores en el que pudo completar los estudios primarios.

“A los 11 años ya me vestía de mujer y nunca más me bajé de los tacos”, contó y agregó: “Toda mi vida me enfrenté a mi familia porque mi primer enemigo era mi padre. Él me llamaba como hombre.

Yo sentía la discriminación y me dolía. A mis hermanos los retaban cuando me llamaban por mi nombre”.

Cuando cumplió la mayoría de edad se fue a vivir a Brasil, donde encontró una mayor aceptación, y volvió a Santa Fe para ver morir a su padre. “Fue en ese momento en que él me llamó Marina por primera y única vez”, relató.

Criar a sus hijos

De regreso en la ciudad, a los 23 años, se instaló en una casa al lado de la de su prima, quien vivía con el marido y su bebé Pablo. Como ellos trabajan muchas horas, Marina se empezó a hacer cargo del nene.

“Yo me llevaba a Pablo a mi casa y lo cuidaba. Cuando él tenía tres años, nació la hermanita, Daniela. Entonces salía de su casa con un palo, me golpeaba la puerta y me llevaba a buscar a la nena para que estemos los tres en mi casa”, recordó.

Con el tiempo, la organización de la crianza de los chicos se ordenó entre los tres: los padres biológicos y la mamá del corazón. La pareja se encargaba de llevar a los chicos a la escuela y de trabajar todo lo relativo a las reuniones y tareas que daba la institución; y Marina los cuidaba durante el día, aportaba dinero a su mantenimiento y los llevaba al médico para los controles y atención.

Sobre la relación que tiene con los otros padres de los chicos, Marina destacó que es muy buena y ellos siempre supieron que ella los cuidaba muy bien. “Mi prima a veces me dice que son más hijos míos que de nadie (risas)”, comentó.

Hoy Pablo y Daniela son grandes y ella tiene una beba de dos meses y medio, Angie. Marina no puede disimular la debilidad que siente por su nieta. Si bien reconoce que primero la hizo sentir vieja el hecho de convertirse en abuela, está terriblemente enamorada de la beba y bromea, como toda abuela, en los rasgos que tienen parecidos.

Crecer sin discriminar

El cuidado de los chicos supuso también momentos en los que la discriminación se hacía presente o el temor a la detención por el simple hecho de vestirse como mujer los obligaba a tener ciertos hábitos.

“El nene estaba acostumbrado a ir a todos lados en taxi conmigo. No quería caminar nunca a ningún lugar”, recordó, ahora con cierta gracia, y agregó: “En esa época, yo siempre, por riesgo a caer presa o vivir alguna situación desagradable, me movía en taxi. Sobre todo cuando iba con los chicos”.

Sin embargo, Marina también destacó que sus hijos nunca tuvieron conflicto con su identidad. “ Ellos siempre supieron que yo era la tía rara (risas). Todos mis sobrinos y mis hijos saben que yo soy trans. Cuando la gente lo toma con naturalidad, los chicos más todavía”, remarcó.

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Publicado por UNO Santa Fe el 17 de Octubre de 2010
http://www.unosantafe.com.ar/contenidos/2010/10/17/D%C3%ADa-de-la-Madre-%E2%80%9CYo-soy-la-mam%C3%A1-del-coraz%C3%B3n-porque-los-amo-y-los-cuid%C3%A9%E2%80%9D-0015.html
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