El Vaticano insiste en que no equipara ordenar a una mujer con la pederastia El portavoz de la red progresista Somos Iglesia lamenta la imagen de "club sólo masculino".
Por Eusebio Val
La casi demonización por parte del Vaticano del sacerdocio femenino ha provocado reacciones de indignación entre los sectores católicos progresistas. Diversos grupos organizados del ala liberal de la Iglesia, sobre todo en el mundo anglosajón, han visto con estupor que las últimas normas del derecho canónico, hechas públicas el jueves, consideren la ordenación de mujeres como uno de los "delitos más graves" que puede cometer un creyente o un clérigo, y que el tema aparezca en el mismo documento en el que se actualiza la legislación contra la pederastia.
Monseñor Charles Scicluna, el prelado maltés que dirige la fiscalía en la Congregación para la Doctrina de la Fe, intentó ayer de nuevo matizar las cosas para calmar los ánimos. En declaraciones a la agencia Reuters, Scicluna insistió en que, pese a estar en el mismo documento jurídico, no tienen el mismo nivel de gravedad. En un caso, la pederastia se trata de un "delito contra la moralidad", mientras la ordenación de mujeres es un "delito contra un sacramento". Las aclaraciones poco pudieron reparar el daño ya causado a una Iglesia que, a ojos de muchos, ha confirmado su imagen misógina y retrógrada.
"La decisión muestra que la Iglesia católica es una organización que está dominada por los hombres; presenta a los clérigos como un club sólo masculino", afirmó a La Vanguardia, desde Munich, Christian Weisner, portavoz de la red internacional We Are Church (Somos Iglesia), que lucha por reformas que modernicen la Iglesia católica. Según Weisner, las nuevas medidas contra la pederastia son muy insuficientes porque se centran en cómo castigar al autor del delito, a posteriori, pero no atacan las verdaderas causas del problema. Entre éstas están, a su juicio, los tabúes sexuales de los curas, derivados del celibato, que les hacen incapaces de ser conscientes de su propia sexualidad, así como una imagen demasiado idealizada y mitificada del sacerdote, y la estructura jerárquica que rige la institución eclesiástica.
Desde Estados Unidos, donde el escándalo de la pederastia ha significado una debacle moral y financiero para la Iglesia católica, y donde el Vaticano lucha todavía para que se le reconozca inmunidad en los procesos civiles en los casos de abusos, las críticas han sido feroces. Erin Saiz Hanna, directora ejecutiva de la Conferencia para la Ordenación de las Mujeres, dijo a Reuters que poner el sacerdocio femenino en la misma categoría que los pederastas y los violadores es "indignante". Calificó la decisión de, "como mínimo, medieval". Jon O'Brien, presidente de Catholics for Choice, otro grupo progresista, deploró la estrategia de comunicación del Vaticano e ironizó usando una expresión muy americana: "Si hay una posibilidad de que el Vaticano se dispare al pie, lo hace a los dos pies"
- - -
Publicado por La Vanguardia (España) el 17 de Julio de 2010
http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20100717/53965791312/estupor-del-catolicismo-liberal-por-la-condena-al-sacerdocio-femenino-vaticano-iglesia-reuters-estad.html
- - -
lunes, 19 de julio de 2010
La misa de desafío al obispo
Desafiando la prohibición del arzobispo cordobés, Nicolás Alessio dio misa en la calle anoche y la dará hoy otra vez. En pocas semanas piensa dejar la Iglesia que lo reprime.
Por Carlos Rodríguez
La parroquia San Cayetano iba a quedar chica. Por eso, desde temprano, la misa concelebrada con representantes del Grupo Curas Casados de la provincia fue organizada sobre la calle Río Paraná. Como le había adelantado a Página/12, el párroco Nicolás Alessio no sólo no pidió perdón ni se retractó de su adhesión militante a la campaña a favor del matrimonio igualitario, sino que ratificó sus dichos y dio la misa. Se la había prohibido el arzobispo de Córdoba, Carlos José Ñañez, como sanción.
Anoche, con “Honrar la vida” en la voz de Mercedes Sosa como fondo, el cura Alessio, vestido de “particular”, con gorro de lana y poncho rojo con vivos negros, dijo que con la sanción de la nueva ley que posibilita el matrimonio entre personas del mismo sexo “hay una patria distinta, inclusiva, diversa y plural”. A la tarde, Alessio había bautizado a un niño –desafiando otra prohibición– y hoy volverá a reunirse con sus fieles, en otra de sus habituales misas del fin de semana. Sabe que lo que está haciendo “va a tener un costo grande y como yo no quiero llevar a mi comunidad a un conflicto sangriento, lo más probable es que me vaya (de la Iglesia) el 7 de agosto”, día del santo patrono del trabajo, que le da nombre a la parroquia.
Con un frío que rozaba los límites del bajo cero, unos quinientos fieles seguidores del cura Alessio lo apoyaron y vivaron durante la misa, que tuvo el tono de una fiesta en la que no faltaron las ironías. Alessio, que dijo ser “amigo personal” de Ñañez, leyó en forma textual el comunicado de la Curia que le prohibió dar misa y hacer casamientos. Puso énfasis, sobre todo, en el párrafo en el cual se sostiene que la sanción contra él obedece a que “últimamente efectuó y continúa efectuando declaraciones públicas en diversos medios de comunicación, a favor del presunto matrimonio entre personas del mismo sexo”.
En la misa, Alessio insistió en que no habría de “enmendarse ni rectificarse” como le exigía su obispo. El que debía rectificarse, opinó, era el propio Ñañez, dado que “lo que él llama presunto matrimonio, ya no es presunto, es matrimonio. Ya son matrimonio, no hay nada que sea presunto”. Sus palabras fueron seguidas por aplausos –y algunas risas–, de parte de una concurrencia heterogénea, que agrupaba a feligreses habituales de todas las edades, a militantes de organizaciones sociales, partidos políticos y a la Multisectorial que agrupa a gays y lesbianas de Córdoba, a representantes de organizaciones feministas.
Algunos de los presentes admitieron que no estaban de acuerdo con la posición del cura Alessio respecto del matrimonio gay. Pero, como explicó Juana, de 24 años, “estamos aquí porque es nuestro padre espiritual, nuestro amigo, nuestro compañero y una persona a la que todos apreciamos, a pesar de las diferencias y desde las diferencias”. Juana reconoció que no suele ir a la iglesia, aunque a veces se mezcla con los religiosos que acompañan a Alessio “porque tienen algo, un ángel, que hace bien”.
La misa se escuchó por un poderoso equipo de sonido instalado sobre la vereda de la parroquia San Cayetano en el barrio Altamira, cercano al popular barrio San Vicente, de la ciudad de Córdoba. “Vamos por la libertad”, cantaba Teresa Parodi. Las letras de las canciones parecían tener el carácter de editoriales que acompañaron a los distintos oradores. “Banderas de libertad, volvemos a soñar”, repetía el estribillo de otra de Víctor Heredia. Y otra vez Teresa Parodi: “Canta compañero, no te quedes sin el fuego”. En varios momentos, jóvenes y viejos se movieron al compás de la música, que se unió sin complejos al rezo tradicional.
Sobre una de las paredes exteriores del templo, un cartel improvisado a mano, decía: “Ay, Dios nuestro, perdónales. No saben lo que hacen”. Sobre la cabeza de los oradores, en lo alto de la capilla, un mensaje decía: “Celebramos al Jesús liberador”. Uno de los primeros en hablar fue Adrián (así se presentó), del grupo Curas Casados. Adrián, que ya no forma parte de la Iglesia Católica, dice que ellos, junto con el Grupo de Sacerdotes Angelelli, al que pertenece Alessio, están transitando “por el camino del pueblo colectivo, plural”, al que definió como “un camino donde no cobran peaje”. Terminó su intervención con dos consignas: “No nos van a quitar el sueño” y “Arriba la pluralidad”.
Néstor, otro “cura casado”, recordó que hace quince años tuvo que dejar los hábitos por haberse enamorado de una mujer. “No nos permitieron seguir ejerciendo nuestro ministerio, aunque nosotros seguíamos teniendo intacta nuestra fe en Dios y nuestra convicción de religiosos.” Néstor habló sobre la persecución que sufrieron los que rompieron con el celibato: “No nos dejaron vivir en nuestro lugar, que era la iglesia. Los que habían sido nuestros compañeros, se apartaban de nosotros”.
Después habló Pepe Ferrari, otro cura casado que hoy vive en Santa Fe con su mujer y sus hijos. “Yo tomé esta decisión hace más de dos décadas y ahora he vuelto a dar una misa, porque Nicolás (por Alessio) me invitó a participar.” La misa se hizo bajo la invocación de San Cayetano, el santo patrono, y del obispo Enrique Angelelli, de quien se leyó un texto en el cual fundamentaba su decisión de adherir a los religiosos que dieron, hasta su vida, por lo que llamaron “la opción por los pobres”.
Alessio cerró reiterando su oposición a someterse al juicio canónico que puso en marcha la Curia local. “Ir a juicio es como bajar al infierno”, pero su tono, lejos de resultar dramático, despertó risas. Calificó al proceso de “antievangélico”. Los abrazos fueron interminables. Antes, a solas con Página/12, Alessio dijo que le dieron “veinte días (de plazo) para nombrar un abogado defensor” pero aclaró que se resiste a seguir los pasos que marca el derecho canónico. “No creo en la burocracia ni en los papeles. No voy a acatar la orden de no dar misa ni de realizar casamientos. No me voy a retractar.” Su postura es ésa, al tiempo que admite que sus días en la Iglesia están contados. “Mis amigos me piden que me quede hasta fin de año, pero lo más lógico es que me vaya después del 7 de agosto, porque para San Cayetano vienen todos los años entre seis y siete mil personas, y a ellos no les puedo fallar."
- - -
Publicado por Página 12 el 18 de Julio de 2010
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-149739.html
- - -
Por Carlos Rodríguez
La parroquia San Cayetano iba a quedar chica. Por eso, desde temprano, la misa concelebrada con representantes del Grupo Curas Casados de la provincia fue organizada sobre la calle Río Paraná. Como le había adelantado a Página/12, el párroco Nicolás Alessio no sólo no pidió perdón ni se retractó de su adhesión militante a la campaña a favor del matrimonio igualitario, sino que ratificó sus dichos y dio la misa. Se la había prohibido el arzobispo de Córdoba, Carlos José Ñañez, como sanción.
Anoche, con “Honrar la vida” en la voz de Mercedes Sosa como fondo, el cura Alessio, vestido de “particular”, con gorro de lana y poncho rojo con vivos negros, dijo que con la sanción de la nueva ley que posibilita el matrimonio entre personas del mismo sexo “hay una patria distinta, inclusiva, diversa y plural”. A la tarde, Alessio había bautizado a un niño –desafiando otra prohibición– y hoy volverá a reunirse con sus fieles, en otra de sus habituales misas del fin de semana. Sabe que lo que está haciendo “va a tener un costo grande y como yo no quiero llevar a mi comunidad a un conflicto sangriento, lo más probable es que me vaya (de la Iglesia) el 7 de agosto”, día del santo patrono del trabajo, que le da nombre a la parroquia.
Con un frío que rozaba los límites del bajo cero, unos quinientos fieles seguidores del cura Alessio lo apoyaron y vivaron durante la misa, que tuvo el tono de una fiesta en la que no faltaron las ironías. Alessio, que dijo ser “amigo personal” de Ñañez, leyó en forma textual el comunicado de la Curia que le prohibió dar misa y hacer casamientos. Puso énfasis, sobre todo, en el párrafo en el cual se sostiene que la sanción contra él obedece a que “últimamente efectuó y continúa efectuando declaraciones públicas en diversos medios de comunicación, a favor del presunto matrimonio entre personas del mismo sexo”.
En la misa, Alessio insistió en que no habría de “enmendarse ni rectificarse” como le exigía su obispo. El que debía rectificarse, opinó, era el propio Ñañez, dado que “lo que él llama presunto matrimonio, ya no es presunto, es matrimonio. Ya son matrimonio, no hay nada que sea presunto”. Sus palabras fueron seguidas por aplausos –y algunas risas–, de parte de una concurrencia heterogénea, que agrupaba a feligreses habituales de todas las edades, a militantes de organizaciones sociales, partidos políticos y a la Multisectorial que agrupa a gays y lesbianas de Córdoba, a representantes de organizaciones feministas.
Algunos de los presentes admitieron que no estaban de acuerdo con la posición del cura Alessio respecto del matrimonio gay. Pero, como explicó Juana, de 24 años, “estamos aquí porque es nuestro padre espiritual, nuestro amigo, nuestro compañero y una persona a la que todos apreciamos, a pesar de las diferencias y desde las diferencias”. Juana reconoció que no suele ir a la iglesia, aunque a veces se mezcla con los religiosos que acompañan a Alessio “porque tienen algo, un ángel, que hace bien”.
La misa se escuchó por un poderoso equipo de sonido instalado sobre la vereda de la parroquia San Cayetano en el barrio Altamira, cercano al popular barrio San Vicente, de la ciudad de Córdoba. “Vamos por la libertad”, cantaba Teresa Parodi. Las letras de las canciones parecían tener el carácter de editoriales que acompañaron a los distintos oradores. “Banderas de libertad, volvemos a soñar”, repetía el estribillo de otra de Víctor Heredia. Y otra vez Teresa Parodi: “Canta compañero, no te quedes sin el fuego”. En varios momentos, jóvenes y viejos se movieron al compás de la música, que se unió sin complejos al rezo tradicional.
Sobre una de las paredes exteriores del templo, un cartel improvisado a mano, decía: “Ay, Dios nuestro, perdónales. No saben lo que hacen”. Sobre la cabeza de los oradores, en lo alto de la capilla, un mensaje decía: “Celebramos al Jesús liberador”. Uno de los primeros en hablar fue Adrián (así se presentó), del grupo Curas Casados. Adrián, que ya no forma parte de la Iglesia Católica, dice que ellos, junto con el Grupo de Sacerdotes Angelelli, al que pertenece Alessio, están transitando “por el camino del pueblo colectivo, plural”, al que definió como “un camino donde no cobran peaje”. Terminó su intervención con dos consignas: “No nos van a quitar el sueño” y “Arriba la pluralidad”.
Néstor, otro “cura casado”, recordó que hace quince años tuvo que dejar los hábitos por haberse enamorado de una mujer. “No nos permitieron seguir ejerciendo nuestro ministerio, aunque nosotros seguíamos teniendo intacta nuestra fe en Dios y nuestra convicción de religiosos.” Néstor habló sobre la persecución que sufrieron los que rompieron con el celibato: “No nos dejaron vivir en nuestro lugar, que era la iglesia. Los que habían sido nuestros compañeros, se apartaban de nosotros”.
Después habló Pepe Ferrari, otro cura casado que hoy vive en Santa Fe con su mujer y sus hijos. “Yo tomé esta decisión hace más de dos décadas y ahora he vuelto a dar una misa, porque Nicolás (por Alessio) me invitó a participar.” La misa se hizo bajo la invocación de San Cayetano, el santo patrono, y del obispo Enrique Angelelli, de quien se leyó un texto en el cual fundamentaba su decisión de adherir a los religiosos que dieron, hasta su vida, por lo que llamaron “la opción por los pobres”.
Alessio cerró reiterando su oposición a someterse al juicio canónico que puso en marcha la Curia local. “Ir a juicio es como bajar al infierno”, pero su tono, lejos de resultar dramático, despertó risas. Calificó al proceso de “antievangélico”. Los abrazos fueron interminables. Antes, a solas con Página/12, Alessio dijo que le dieron “veinte días (de plazo) para nombrar un abogado defensor” pero aclaró que se resiste a seguir los pasos que marca el derecho canónico. “No creo en la burocracia ni en los papeles. No voy a acatar la orden de no dar misa ni de realizar casamientos. No me voy a retractar.” Su postura es ésa, al tiempo que admite que sus días en la Iglesia están contados. “Mis amigos me piden que me quede hasta fin de año, pero lo más lógico es que me vaya después del 7 de agosto, porque para San Cayetano vienen todos los años entre seis y siete mil personas, y a ellos no les puedo fallar."
- - -
Publicado por Página 12 el 18 de Julio de 2010
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-149739.html
- - -
viernes, 16 de julio de 2010
El “sí” del Estado
En una sesión histórica y luego de quince horas de intenso debate el Senado argentino aprobó por 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones el proyecto que modifica el Código Civil, permitiendo el casamiento y la adopción entre personas del mismo sexo. Algunas lecciones aprendidas de este debate.
Por Andrea Lacombe
Desde que el proyecto fuera aprobado en la Cámara de Diputados en mayo pasado, la modificación del artículo 172 del Código Civil, que regula el casamiento, produjo un intenso debate en la sociedad argentina, que puso a prueba el principio de laicidad del Estado. A partir de ahora, las parejas heterosexuales y homosexuales tendrán sus derechos equiparados en materia de matrimonio, incluyendo la posibilidad de la adopción, tema en torno del cual fueron movilizados los mayores fantasmas de los sectores contrarios a esa reforma jurídica.
La presión de la Iglesia Católica, que con un fuerte aparato institucional y mediático congregó a sus seguidores a movilizarse contra lo que consideraban que “desvirtuaría la esencia de la familia”, se vio abatida frente al reconocimiento de lo que muchos senadores señalaron como una situación social que existe desde hace mucho tiempo y que hasta entonces se encontraba en un vacío legal: parejas formadas por personas del mismo sexo.
Con este éxito, la Argentina es el primer país latinoamericano en garantizar este derecho, y noveno en el mundo: Holanda lo aprobó en 2001, Bélgica en 2003, España y Canadá en 2005, Sudáfrica en 2006, Noruega y Suecia en 2009, e Islandia en 2010. No obstante, en países como Colombia, Ecuador, Uruguay, Alemania, Andorra, Australia, Austria, Dinamarca, Eslovenia, Finlandia y Francia existen otro tipo de uniones civiles distintas al matrimonio, que conceden derechos legales a parejas del mismo sexo bajo circunstancias particulares, entre las que se cuenta la posibilidad de conformar un patrimonio conjunto, recibir pensión en caso de fallecimiento de uno de los miembros, entre otros.
La votación
A la hora de la votación, la Cámara consideró en primer término un dictamen de comisión que aconsejaba el rechazo de la media sanción de la Cámara Baja y el debate de un proyecto de Unión civil, presentado (antirreglamentariamente) por sectores contrarios a la modificación del Código. La alternativa fue desconsiderada y, por tratarse de un despacho de minoría de la comisión asignada para evaluar el proyecto, este fue sometido a debate y votación por el pleno de los senadores, que en horas de la madrugada acabó aprobándolo.
Un día después de la marcha de católicos y evangélicos contra la ley, y de un “ruidaso” a favor, frente al Senado una multitud comenzaba a congregarse para dar su apoyo a la votación. La Federación Argentina LGBT seguía las instancias desde el palco montado en la plaza del Congreso donde se sucedieron oradores y números musicales a la espera del escrutinio. A pesar del frío intenso la gente permaneció hasta las 4 de la mañana, hora en la que la plaza estalló en júbilo y emoción cuando el Senado le dio el “sí” definitivo a la tan esperada ley.
La mayoría de las argumentaciones a favor tuvieron como común denominador el rescate de la laicidad en la historia del derecho y la legislación argentina, trayendo a colación el significado social y político que en su época tuvieron la aprobación del Código Civil, la ley de casamiento civil y el voto de la mujer. La polarización social que suscitó el divorcio en los primeros años del actual período democrático, en la década de 1980, también fue un ejemplo recurrente entre las y los legisladores que apoyaban la ley, argumentando la invariabilidad de la Iglesia frente a temas que implican reconocer el cambio social en un país. “A los que dicen que defienden la familia, esta ley no es una amenaza, sino por el contrario: una defensa por la familia de una Argentina real, con familias monoparentales, nucleares y ensambladas”, expresó en la madrugada Maria Eugenia Estenssoro, senadora por la Coalición Civica. “La comunidad homosexual está reclamando no tener que ocultarse ni vivir en ghetos; si damos lugar al proyecto de unión civil daremos espacio a una voluntad de legalizar la discriminación y no de equiparar derechos”, concluyó emocionada.
La sesión comenzó pasadas las 13.15, luego de conseguir el quórum de 58 senadores. Una vez iniciada la discusión, la senadora kirchnerista Liliana Fellner destacó que el proyecto del oficialismo proponía que "todos los ciudadanos [tuvieran] las mismas oportunidades ante la ley" y señaló que la obligación de los senadores y senadoras era "votar por la igualdad", es decir, legislar para que "todos [tuvieran] igualdad ante la ley”. Fellner también señaló que esta discusión se daba en el marco de un estado laico. Acerca de la adopción, Fellner señaló que el Código Civil "no habla de orientación sexual cuando una persona soltera quiere adoptar", razón por la cual "los solteros y los homosexuales van a poder seguir adoptando".
Por su parte, el también oficialista Luis Juez expresó su "acompañamiento absoluto" al proyecto. "Hay una parte de la sociedad que necesita derechos y obligaciones; necesita que se la respete con la ley". Juez, quien se manifestó devoto y fanático de la Virgen, señaló que no había encontrado en la Biblia un pasaje en el cual Jesús discriminara a los homosexuales, pero que sí había sido agredido por sectores radicales de la Iglesia en los últimos 45 días.
En clara oposición, la correntina del Partido Liberal, Josefina Meabe, pidió "tener en vista el bien general”, para luego sostener que "no se puede igualar lo que no es igual porque esta supuesta igualación afectaría los derechos de los niños”.
Samuel Cabanchik, del “Proyecto Buenos Aires Federal”, fue explícito al argumentar que “es claro que la cuestión religiosa se vuelve irrelevante en una discusión sobre el matrimonio civil. No veo cómo sería un avance en la legislación argentina prohibir la adopción por parte de personas homosexuales, siendo que la legislación actual no lo prohíbe”. Votar a favor de la unión civil, explicó, refiriéndose al proyecto alternativo introducido en la víspera, “significaría legislar para atrás. Escribir hoy el Código Civil de Vélez Sársfield [autor del mismo], sería escribir otro código, porque han cambiado los significantes. Incluir el matrimonio del mismo sexo significa continuar con el espíritu de ese Código”, argumentó.
Las palabras de Marcelo Guinle, peronista de Chubut, quien vaticinó que “más allá del resultado de la votación, mañana la sociedad va a ser mejor que hoy”, pueden resumir el espíritu de esta histórica sesión que, con la aprobación de la ley, estableció un parámetro de igualdad hacia una sociedad más justa, en la que el eslogan de “los mismos derechos con el mismo nombre” tenga finalmente el valor que se merece.
Luego de este logro, parece importante abordar algunos argumentos de la oposición al proyecto de ley –que surgen con recurrencia en debates que buscan garantizar los derechos a grupos históricamente discriminados—, con el fin de aprender algo de ellos. Tres de los argumentos que justificaban la inconveniencia de la modificación del artículo 172 del Código Civil se apoyaban en: el carácter natural del matrimonio heterosexual y lo que la naturaleza, como ente rector y bajo una visión reduccionista, dicta; la supuesta imparcialidad de algunos estudios científicos que ratificaron los “veredictos” de la naturaleza; y el tratamiento desigual de las parejas homosexuales, al ser distintas de las heterosexuales.
Matrimonio y naturaleza
El argumento según el cual “el matrimonio está escrito en la misma naturaleza y en el corazón de los hombres”, advierte el sociólogo argentino Carlos Fígari, es falso, en tanto no considera la historia ni el contexto de emergencia de esta institución y responde a la naturalización de una formación cultural como el matrimonio. La naturalización como proceso por el cual se pretende borrar la historia particular de los conceptos y de las cosas, ha sido una estrategia frecuentemente empleada por diversos órdenes en la historia con el fin de mantener relaciones de poder y de dominación. La fuerza que subyace a este proceso radica, por un lado, en que las cosas aparecen ante los ojos de las personas como si fueran dadas, obvias e incuestionables. En el caso del matrimonio heterosexual, es “como si siempre hubiese existido así en el tiempo y el espacio”, señala Fígari.
Adicionalmente, al acudir a la naturaleza como fuente de legitimación, la argumentación de la oposición aparece respaldada por una entidad con la que asociamos lo moralmente bueno y de la que disociamos lo que nos parece cuestionable. De ahí que cada vez que se señala el carácter antinatural de ciertas cosas, como las relaciones y las uniones entre parejas del mismo sexo, se las ponga automáticamente en el terreno de lo malo, de lo que debe ser examinado con cuidado y de lo cuestionable.
A esto se le suma la interpretación corriente de que la naturaleza se rige por una lógica divina escrita en la “ley moral”, con la que también debe corresponder la ley civil. Este vínculo aparece con claridad en las “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, publicado en 2003 por la Congregación para la Doctrina de la Fe –antes llamada "Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición"–, órgano del vaticano que buscó orientar con este documento a los distintos gobiernos del mundo para que supieran qué hacer frente a los proyectos de ley que buscaban garantizar derechos a las personas homosexuales.
En este texto de la otrora Inquisición, Joseph Ratzinger y Angelo Amato, sus autores, señalan que “La función de la ley civil es ciertamente más limitada que la de la ley moral, pero aquélla no puede entrar en contradicción con la recta razón sin perder la fuerza de obligar en conciencia. Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón, y respeta los derechos inalienables de cada persona. Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial para el bien común como es el matrimonio” (Ratzinger y Amato, 2003: 3-4).
Se tiene entonces que las leyes civiles se deben corresponder con la naturaleza, que a su vez se rige por la ley moral. Así, la ley moral se erige como ley suprema que gobierna lo natural y lo social.
A la luz de los prejuicios
Las argumentaciones en contra de la garantía de derechos de grupos discriminados suelen invocar una gran cantidad de estudios aparentemente científicos que vienen a ratificar lo que la Naturaleza “dice”. La discusión del proyecto de ley para reformar el artículo 172 del Código Civil argentino, no fue una excepción.
La Universidad Austral elaboró un documento sobre esta materia con el fin de “iluminar” la discusión en torno a la ley de casamiento universal. En este documento, aparecen las ya frecuentes representaciones de las personas homosexuales como seres enfermos, drogadictos y con tendencias suicidas.
Estas consideraciones “científicas” no son el producto de hallazgos de investigaciones imparciales. Por el contrario, están fundamentadas en formas particulares de concebir la homosexualidad y la heterosexualidad que estructuran los caminos a seguir. Estudios como el presentado por la Universidad Austral, afirma Fígari, “se originan en una manera de construcción de sexo-género en que el varón heterosexual puede, a su antojo, determinar el carácter humano o no de las otras personas. De allí los abusos permanentes, la violencia, los crímenes aberrantes y una Justicia que claramente favorece este esquema. Hay mucho que hacer en el interior para desmontar instituciones opresivas en muchos campos. Por eso debemos hoy responsabilizar a quienes agitan odios por la sangre de esa gente”.
Basta recordar la cuota de responsabilidad que han tenido algunos discursos científicos en la estigmatización no sólo de los homosexuales al ser definidos como enfermos, sino también de las mujeres, a quienes se ha representado como seres volubles y poco racionales que actúan bajo el influjo de la luna o de las hormonas; de las personas negras que fueron tratadas por la criminología positivita como delincuentes; o los indígenas que aún en la actualidad son retratados como salvajes necesitados de la civilización. Algunos de estos discursos que se presumen de científicos han contribuido a quitarle rasgos de humanidad a determinados grupos, facilitando su subordinación o exterminio.
La diferencia como fuente de desigualdades
Un tercer elemento común a los argumentos enunciados en contra del casamiento universal fue la afirmación de una diferencia profunda entre un “ellos”, los homosexuales, y un “nosotros”, los heterosexuales, que les impide a los primeros tener un trato de iguales ante la ley y por ende gozar de los mismos derechos que los segundos.
Al respecto el polítólogo argentino Mario Pecheny en una nota publicada en el diario argentino Página 12, señala que ese carácter distinto que se les atribuye a los otros no es “distinto a secas”, sino que es distinto en tanto “menos sanos, menos morales, menos dignos y menos ciudadanos”.
Esto nos recuerda, afirma el investigador, a Hannah Arendt, quien "decía que previo al exterminio físico viene la afirmación de que hay individuos pertenecientes a determinadas categorías de población, que se vuelven superfluos. Superfluos porque son sacrificables, o sacrificables porque son superfluos".
A estos sujetos “superfluos”, que el filósofo italiano Giorgio Agamben, haciendo eco de una antigua figura del derecho romano, denomina “homo sacer”, se los define como sujetos sacrificables cuya muerte no es considerada homicidio. Si bien la historia nos brinda ejemplos extremos de homo sacer, como los judíos durante el régimen nazi, Agamben nos recuerda que el homo sacer existe no sólo en el campo de concentración sino también en la política. De ahí que el tratamiento que se le dé tanto en este ámbito como en la vida cotidiana a las diferencias y a los diferentes marca en gran medida la aparición o no de nuevos homo sacer.
Si la diferencia de un grupo de personas respecto a otras es razón suficiente para negarles derechos debemos estar alerta, porque son estas diferencias que derivan en desigualdades las que pueden hacer sacrificables a un grupo de personas como los homosexuales.
- - -
Publicado por CLAM el 16 de Julio de 2010
http://www.clam.org.br/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?UserActiveTemplate=%5FBR&infoid=6971&sid=21
- - -
Por Andrea Lacombe
Desde que el proyecto fuera aprobado en la Cámara de Diputados en mayo pasado, la modificación del artículo 172 del Código Civil, que regula el casamiento, produjo un intenso debate en la sociedad argentina, que puso a prueba el principio de laicidad del Estado. A partir de ahora, las parejas heterosexuales y homosexuales tendrán sus derechos equiparados en materia de matrimonio, incluyendo la posibilidad de la adopción, tema en torno del cual fueron movilizados los mayores fantasmas de los sectores contrarios a esa reforma jurídica.
La presión de la Iglesia Católica, que con un fuerte aparato institucional y mediático congregó a sus seguidores a movilizarse contra lo que consideraban que “desvirtuaría la esencia de la familia”, se vio abatida frente al reconocimiento de lo que muchos senadores señalaron como una situación social que existe desde hace mucho tiempo y que hasta entonces se encontraba en un vacío legal: parejas formadas por personas del mismo sexo.
Con este éxito, la Argentina es el primer país latinoamericano en garantizar este derecho, y noveno en el mundo: Holanda lo aprobó en 2001, Bélgica en 2003, España y Canadá en 2005, Sudáfrica en 2006, Noruega y Suecia en 2009, e Islandia en 2010. No obstante, en países como Colombia, Ecuador, Uruguay, Alemania, Andorra, Australia, Austria, Dinamarca, Eslovenia, Finlandia y Francia existen otro tipo de uniones civiles distintas al matrimonio, que conceden derechos legales a parejas del mismo sexo bajo circunstancias particulares, entre las que se cuenta la posibilidad de conformar un patrimonio conjunto, recibir pensión en caso de fallecimiento de uno de los miembros, entre otros.
La votación
A la hora de la votación, la Cámara consideró en primer término un dictamen de comisión que aconsejaba el rechazo de la media sanción de la Cámara Baja y el debate de un proyecto de Unión civil, presentado (antirreglamentariamente) por sectores contrarios a la modificación del Código. La alternativa fue desconsiderada y, por tratarse de un despacho de minoría de la comisión asignada para evaluar el proyecto, este fue sometido a debate y votación por el pleno de los senadores, que en horas de la madrugada acabó aprobándolo.
Un día después de la marcha de católicos y evangélicos contra la ley, y de un “ruidaso” a favor, frente al Senado una multitud comenzaba a congregarse para dar su apoyo a la votación. La Federación Argentina LGBT seguía las instancias desde el palco montado en la plaza del Congreso donde se sucedieron oradores y números musicales a la espera del escrutinio. A pesar del frío intenso la gente permaneció hasta las 4 de la mañana, hora en la que la plaza estalló en júbilo y emoción cuando el Senado le dio el “sí” definitivo a la tan esperada ley.
La mayoría de las argumentaciones a favor tuvieron como común denominador el rescate de la laicidad en la historia del derecho y la legislación argentina, trayendo a colación el significado social y político que en su época tuvieron la aprobación del Código Civil, la ley de casamiento civil y el voto de la mujer. La polarización social que suscitó el divorcio en los primeros años del actual período democrático, en la década de 1980, también fue un ejemplo recurrente entre las y los legisladores que apoyaban la ley, argumentando la invariabilidad de la Iglesia frente a temas que implican reconocer el cambio social en un país. “A los que dicen que defienden la familia, esta ley no es una amenaza, sino por el contrario: una defensa por la familia de una Argentina real, con familias monoparentales, nucleares y ensambladas”, expresó en la madrugada Maria Eugenia Estenssoro, senadora por la Coalición Civica. “La comunidad homosexual está reclamando no tener que ocultarse ni vivir en ghetos; si damos lugar al proyecto de unión civil daremos espacio a una voluntad de legalizar la discriminación y no de equiparar derechos”, concluyó emocionada.
La sesión comenzó pasadas las 13.15, luego de conseguir el quórum de 58 senadores. Una vez iniciada la discusión, la senadora kirchnerista Liliana Fellner destacó que el proyecto del oficialismo proponía que "todos los ciudadanos [tuvieran] las mismas oportunidades ante la ley" y señaló que la obligación de los senadores y senadoras era "votar por la igualdad", es decir, legislar para que "todos [tuvieran] igualdad ante la ley”. Fellner también señaló que esta discusión se daba en el marco de un estado laico. Acerca de la adopción, Fellner señaló que el Código Civil "no habla de orientación sexual cuando una persona soltera quiere adoptar", razón por la cual "los solteros y los homosexuales van a poder seguir adoptando".
Por su parte, el también oficialista Luis Juez expresó su "acompañamiento absoluto" al proyecto. "Hay una parte de la sociedad que necesita derechos y obligaciones; necesita que se la respete con la ley". Juez, quien se manifestó devoto y fanático de la Virgen, señaló que no había encontrado en la Biblia un pasaje en el cual Jesús discriminara a los homosexuales, pero que sí había sido agredido por sectores radicales de la Iglesia en los últimos 45 días.
En clara oposición, la correntina del Partido Liberal, Josefina Meabe, pidió "tener en vista el bien general”, para luego sostener que "no se puede igualar lo que no es igual porque esta supuesta igualación afectaría los derechos de los niños”.
Samuel Cabanchik, del “Proyecto Buenos Aires Federal”, fue explícito al argumentar que “es claro que la cuestión religiosa se vuelve irrelevante en una discusión sobre el matrimonio civil. No veo cómo sería un avance en la legislación argentina prohibir la adopción por parte de personas homosexuales, siendo que la legislación actual no lo prohíbe”. Votar a favor de la unión civil, explicó, refiriéndose al proyecto alternativo introducido en la víspera, “significaría legislar para atrás. Escribir hoy el Código Civil de Vélez Sársfield [autor del mismo], sería escribir otro código, porque han cambiado los significantes. Incluir el matrimonio del mismo sexo significa continuar con el espíritu de ese Código”, argumentó.
Las palabras de Marcelo Guinle, peronista de Chubut, quien vaticinó que “más allá del resultado de la votación, mañana la sociedad va a ser mejor que hoy”, pueden resumir el espíritu de esta histórica sesión que, con la aprobación de la ley, estableció un parámetro de igualdad hacia una sociedad más justa, en la que el eslogan de “los mismos derechos con el mismo nombre” tenga finalmente el valor que se merece.
Luego de este logro, parece importante abordar algunos argumentos de la oposición al proyecto de ley –que surgen con recurrencia en debates que buscan garantizar los derechos a grupos históricamente discriminados—, con el fin de aprender algo de ellos. Tres de los argumentos que justificaban la inconveniencia de la modificación del artículo 172 del Código Civil se apoyaban en: el carácter natural del matrimonio heterosexual y lo que la naturaleza, como ente rector y bajo una visión reduccionista, dicta; la supuesta imparcialidad de algunos estudios científicos que ratificaron los “veredictos” de la naturaleza; y el tratamiento desigual de las parejas homosexuales, al ser distintas de las heterosexuales.
Matrimonio y naturaleza
El argumento según el cual “el matrimonio está escrito en la misma naturaleza y en el corazón de los hombres”, advierte el sociólogo argentino Carlos Fígari, es falso, en tanto no considera la historia ni el contexto de emergencia de esta institución y responde a la naturalización de una formación cultural como el matrimonio. La naturalización como proceso por el cual se pretende borrar la historia particular de los conceptos y de las cosas, ha sido una estrategia frecuentemente empleada por diversos órdenes en la historia con el fin de mantener relaciones de poder y de dominación. La fuerza que subyace a este proceso radica, por un lado, en que las cosas aparecen ante los ojos de las personas como si fueran dadas, obvias e incuestionables. En el caso del matrimonio heterosexual, es “como si siempre hubiese existido así en el tiempo y el espacio”, señala Fígari.
Adicionalmente, al acudir a la naturaleza como fuente de legitimación, la argumentación de la oposición aparece respaldada por una entidad con la que asociamos lo moralmente bueno y de la que disociamos lo que nos parece cuestionable. De ahí que cada vez que se señala el carácter antinatural de ciertas cosas, como las relaciones y las uniones entre parejas del mismo sexo, se las ponga automáticamente en el terreno de lo malo, de lo que debe ser examinado con cuidado y de lo cuestionable.
A esto se le suma la interpretación corriente de que la naturaleza se rige por una lógica divina escrita en la “ley moral”, con la que también debe corresponder la ley civil. Este vínculo aparece con claridad en las “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, publicado en 2003 por la Congregación para la Doctrina de la Fe –antes llamada "Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición"–, órgano del vaticano que buscó orientar con este documento a los distintos gobiernos del mundo para que supieran qué hacer frente a los proyectos de ley que buscaban garantizar derechos a las personas homosexuales.
En este texto de la otrora Inquisición, Joseph Ratzinger y Angelo Amato, sus autores, señalan que “La función de la ley civil es ciertamente más limitada que la de la ley moral, pero aquélla no puede entrar en contradicción con la recta razón sin perder la fuerza de obligar en conciencia. Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón, y respeta los derechos inalienables de cada persona. Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial para el bien común como es el matrimonio” (Ratzinger y Amato, 2003: 3-4).
Se tiene entonces que las leyes civiles se deben corresponder con la naturaleza, que a su vez se rige por la ley moral. Así, la ley moral se erige como ley suprema que gobierna lo natural y lo social.
A la luz de los prejuicios
Las argumentaciones en contra de la garantía de derechos de grupos discriminados suelen invocar una gran cantidad de estudios aparentemente científicos que vienen a ratificar lo que la Naturaleza “dice”. La discusión del proyecto de ley para reformar el artículo 172 del Código Civil argentino, no fue una excepción.
La Universidad Austral elaboró un documento sobre esta materia con el fin de “iluminar” la discusión en torno a la ley de casamiento universal. En este documento, aparecen las ya frecuentes representaciones de las personas homosexuales como seres enfermos, drogadictos y con tendencias suicidas.
Estas consideraciones “científicas” no son el producto de hallazgos de investigaciones imparciales. Por el contrario, están fundamentadas en formas particulares de concebir la homosexualidad y la heterosexualidad que estructuran los caminos a seguir. Estudios como el presentado por la Universidad Austral, afirma Fígari, “se originan en una manera de construcción de sexo-género en que el varón heterosexual puede, a su antojo, determinar el carácter humano o no de las otras personas. De allí los abusos permanentes, la violencia, los crímenes aberrantes y una Justicia que claramente favorece este esquema. Hay mucho que hacer en el interior para desmontar instituciones opresivas en muchos campos. Por eso debemos hoy responsabilizar a quienes agitan odios por la sangre de esa gente”.
Basta recordar la cuota de responsabilidad que han tenido algunos discursos científicos en la estigmatización no sólo de los homosexuales al ser definidos como enfermos, sino también de las mujeres, a quienes se ha representado como seres volubles y poco racionales que actúan bajo el influjo de la luna o de las hormonas; de las personas negras que fueron tratadas por la criminología positivita como delincuentes; o los indígenas que aún en la actualidad son retratados como salvajes necesitados de la civilización. Algunos de estos discursos que se presumen de científicos han contribuido a quitarle rasgos de humanidad a determinados grupos, facilitando su subordinación o exterminio.
La diferencia como fuente de desigualdades
Un tercer elemento común a los argumentos enunciados en contra del casamiento universal fue la afirmación de una diferencia profunda entre un “ellos”, los homosexuales, y un “nosotros”, los heterosexuales, que les impide a los primeros tener un trato de iguales ante la ley y por ende gozar de los mismos derechos que los segundos.
Al respecto el polítólogo argentino Mario Pecheny en una nota publicada en el diario argentino Página 12, señala que ese carácter distinto que se les atribuye a los otros no es “distinto a secas”, sino que es distinto en tanto “menos sanos, menos morales, menos dignos y menos ciudadanos”.
Esto nos recuerda, afirma el investigador, a Hannah Arendt, quien "decía que previo al exterminio físico viene la afirmación de que hay individuos pertenecientes a determinadas categorías de población, que se vuelven superfluos. Superfluos porque son sacrificables, o sacrificables porque son superfluos".
A estos sujetos “superfluos”, que el filósofo italiano Giorgio Agamben, haciendo eco de una antigua figura del derecho romano, denomina “homo sacer”, se los define como sujetos sacrificables cuya muerte no es considerada homicidio. Si bien la historia nos brinda ejemplos extremos de homo sacer, como los judíos durante el régimen nazi, Agamben nos recuerda que el homo sacer existe no sólo en el campo de concentración sino también en la política. De ahí que el tratamiento que se le dé tanto en este ámbito como en la vida cotidiana a las diferencias y a los diferentes marca en gran medida la aparición o no de nuevos homo sacer.
Si la diferencia de un grupo de personas respecto a otras es razón suficiente para negarles derechos debemos estar alerta, porque son estas diferencias que derivan en desigualdades las que pueden hacer sacrificables a un grupo de personas como los homosexuales.
- - -
Publicado por CLAM el 16 de Julio de 2010
http://www.clam.org.br/publique/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?UserActiveTemplate=%5FBR&infoid=6971&sid=21
- - -
El triunfo de la sensatez humana
Por Domingo Riorda
El Senado de Argentina avaló el inexorable andar de la sensatez humana al aprobar la Ley del Matrimonio para parejas del mismo sexo con una votación favorable de 33 votos contra 27 que certifica el apoyo indiscutible de legisladores y legisladoras y desnuda el promocionado interrogante de un final apretado para colocar en escena, a telón abierto, que una sociedad mejor es posible.
Las 15 horas de debate, calificado como “duro”, ocurrida el 14 de julio, ituvo como antecedente semanas de discusión en todo el país donde abundaron las inopinadas citas de jerarquías de las instituciones eclesiales cristianas, tanto del sector católico romano como evangélicas/evangelistas, donde no faltó la discriminación de cristianos y cristianas que apoyaban la Ley incluido el negar la facultad constitucional de expresarlas en el Senado, como ocurrió con representantes de la Iglesia Luterana, Metodista, Evangélica del Río de la Plata y de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE).
El triunfo de la sensatez humana tuvo como contrapartida la aparición pública de insensatos e insensatas que hicieron pésimo uso de sus funciones de dirigentes desde el estrato jerárquico eclesial y periodístico y en menor cuantía político.
Hablamos de personas como el Cardenal Jorge Bergoglio, de la Iglesia Católica Romana (ICR), del pastor Rubén Proietti, presidente de Aciera (Asociación Cristiana de Iglesias Evangélicas del Río de la Plata) y de columnistas como Mariano Grondona a quienes no se les puede decir que son jerarquías o periodistas con falta de conocimiento de la vida humana ni carentes de capacidad intelectual.
La cita sale al cruce de que campañas como las de calificar de guerreros contra Dios y proclamar como enviados directamente al infierno a quienes apoyaban la Ley de Matrimonios del mismo sexo o en el caso del presunto periodista autor de notas malsanas como la del 15 de julio, en los avances por internet del diario La Nación donde, con insólitas y falaz ilación argumental, citando injustamente a Aristóteles y usando su hábito de explicar términos, insiste en la discriminación y deja ver la pata de la sota de su ideología de clase social y de su tendencia a la falacia.
Los ejemplos son válidos porque surgen de personas calificadas en el aspecto intelectual. No son pastores o curas o periodistas con poco conocimiento y que proclaman lo que pueden y no dan para más. Un hecho que uno puede admitir. Son personas que mienten y se hacen punibles de los calificativos de hipócritas que Jesús utilizó para dirigentes religiosos y sociales de su época de la misma calaña que los mencionados pseudos paladines.
Estos hechos demuestran que la discusión sobre esta Ley va más allá de ella para instalarse en las diferencias sobre la concepción de la vida humana, que es de la sociedad toda, y hoy por hoy, más que en otras ocasiones similares, deja al desnudo de quienes se adjudican ser los mentores de un estilo de vida que poco o nada tiene que ver con la realidad y con los signos de los tiempos sobre los cuales se puede indagar al Dios Verdadero que desplaza al Dios Falso que suele proclamarse desde los mencionados estrados eclesiales y periodísticos.
En este aspecto se hace justo mencionar a los cristianos y cristianas, especialmente católicos romanos, que pelean la buena batalla de dignificar su opción religiosa. El autor de esta nota, desde su posición evangélica/protestante, más de una vez se preguntó porque no dejan esos claustros eclesiales y se comprometen con otros, aunque sea hasta que aclare la tormenta.
Hoy, al considerar este triunfo desde la sensatez humana, está llegando a la conclusión de la buena batalla que libran todas esas personas que enfrentan, pública o silenciosamente, a la jerarquía eclesial. Luchan para que no se les robe el nombre de cristiano, especialmente dentro del catolicismo romano aunque también evangélico/protestante. Es un fuerte No a los apropiadores que, por sus funciones jerárquicas, se asignan el derecho de cierta interpretación que va en contrapelo con el Dios Verdadero. Ellos y ellas también son los portadores de esta lucha por el triunfo de la sensatez humana, de una humanidad cuyo signo se encuentra en ese hecho tan manipulado, hasta sexualmente, que es la proclama de la encarnación de Dios en un ser humano.
El Senado argentino se instaló en la línea de las palabras del pastor Carlos Valle, de la Iglesia Metodista, a quien no se le permitió que leyese en el Senado su ponencia titulada “Respeto y Dignidad” donde apelaba que el permitir el derecho de las parejas de un mismo sexo “debería encuadrarse en el marco de esta sociedad plural, que busca preservar la libertad y dignidad de todos”
Hoy, 15 de julio, ya no es lo mismo que el martes 13. Estuvo el miércoles 14 con su simbología justa, acertada, implacable. Tensa como toda batalla que se precie de tal. Hoy saludamos, con el brazo en alto, un nuevo triunfo de la sensatez humana, en este caso, en este querido pías que es Argentina.+ (PE)
- - -
Publciado por Ecupres - Prensa Ecuménica el 15 de Julio de 2010
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=8972
- - -
El Senado de Argentina avaló el inexorable andar de la sensatez humana al aprobar la Ley del Matrimonio para parejas del mismo sexo con una votación favorable de 33 votos contra 27 que certifica el apoyo indiscutible de legisladores y legisladoras y desnuda el promocionado interrogante de un final apretado para colocar en escena, a telón abierto, que una sociedad mejor es posible.
Las 15 horas de debate, calificado como “duro”, ocurrida el 14 de julio, ituvo como antecedente semanas de discusión en todo el país donde abundaron las inopinadas citas de jerarquías de las instituciones eclesiales cristianas, tanto del sector católico romano como evangélicas/evangelistas, donde no faltó la discriminación de cristianos y cristianas que apoyaban la Ley incluido el negar la facultad constitucional de expresarlas en el Senado, como ocurrió con representantes de la Iglesia Luterana, Metodista, Evangélica del Río de la Plata y de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE).
El triunfo de la sensatez humana tuvo como contrapartida la aparición pública de insensatos e insensatas que hicieron pésimo uso de sus funciones de dirigentes desde el estrato jerárquico eclesial y periodístico y en menor cuantía político.
Hablamos de personas como el Cardenal Jorge Bergoglio, de la Iglesia Católica Romana (ICR), del pastor Rubén Proietti, presidente de Aciera (Asociación Cristiana de Iglesias Evangélicas del Río de la Plata) y de columnistas como Mariano Grondona a quienes no se les puede decir que son jerarquías o periodistas con falta de conocimiento de la vida humana ni carentes de capacidad intelectual.
La cita sale al cruce de que campañas como las de calificar de guerreros contra Dios y proclamar como enviados directamente al infierno a quienes apoyaban la Ley de Matrimonios del mismo sexo o en el caso del presunto periodista autor de notas malsanas como la del 15 de julio, en los avances por internet del diario La Nación donde, con insólitas y falaz ilación argumental, citando injustamente a Aristóteles y usando su hábito de explicar términos, insiste en la discriminación y deja ver la pata de la sota de su ideología de clase social y de su tendencia a la falacia.
Los ejemplos son válidos porque surgen de personas calificadas en el aspecto intelectual. No son pastores o curas o periodistas con poco conocimiento y que proclaman lo que pueden y no dan para más. Un hecho que uno puede admitir. Son personas que mienten y se hacen punibles de los calificativos de hipócritas que Jesús utilizó para dirigentes religiosos y sociales de su época de la misma calaña que los mencionados pseudos paladines.
Estos hechos demuestran que la discusión sobre esta Ley va más allá de ella para instalarse en las diferencias sobre la concepción de la vida humana, que es de la sociedad toda, y hoy por hoy, más que en otras ocasiones similares, deja al desnudo de quienes se adjudican ser los mentores de un estilo de vida que poco o nada tiene que ver con la realidad y con los signos de los tiempos sobre los cuales se puede indagar al Dios Verdadero que desplaza al Dios Falso que suele proclamarse desde los mencionados estrados eclesiales y periodísticos.
En este aspecto se hace justo mencionar a los cristianos y cristianas, especialmente católicos romanos, que pelean la buena batalla de dignificar su opción religiosa. El autor de esta nota, desde su posición evangélica/protestante, más de una vez se preguntó porque no dejan esos claustros eclesiales y se comprometen con otros, aunque sea hasta que aclare la tormenta.
Hoy, al considerar este triunfo desde la sensatez humana, está llegando a la conclusión de la buena batalla que libran todas esas personas que enfrentan, pública o silenciosamente, a la jerarquía eclesial. Luchan para que no se les robe el nombre de cristiano, especialmente dentro del catolicismo romano aunque también evangélico/protestante. Es un fuerte No a los apropiadores que, por sus funciones jerárquicas, se asignan el derecho de cierta interpretación que va en contrapelo con el Dios Verdadero. Ellos y ellas también son los portadores de esta lucha por el triunfo de la sensatez humana, de una humanidad cuyo signo se encuentra en ese hecho tan manipulado, hasta sexualmente, que es la proclama de la encarnación de Dios en un ser humano.
El Senado argentino se instaló en la línea de las palabras del pastor Carlos Valle, de la Iglesia Metodista, a quien no se le permitió que leyese en el Senado su ponencia titulada “Respeto y Dignidad” donde apelaba que el permitir el derecho de las parejas de un mismo sexo “debería encuadrarse en el marco de esta sociedad plural, que busca preservar la libertad y dignidad de todos”
Hoy, 15 de julio, ya no es lo mismo que el martes 13. Estuvo el miércoles 14 con su simbología justa, acertada, implacable. Tensa como toda batalla que se precie de tal. Hoy saludamos, con el brazo en alto, un nuevo triunfo de la sensatez humana, en este caso, en este querido pías que es Argentina.+ (PE)
- - -
Publciado por Ecupres - Prensa Ecuménica el 15 de Julio de 2010
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=8972
- - -
“Es una conquista titánica”
Los principales referentes de las organizaciones de gays y lesbianas pasaron el día dando notas, conferencias de prensa, brindando y llorando. Aquí explican el significado del logro político y los desafíos que se abren a partir de ahora.
Por Emilio Ruchansky
La voz ronca tras el largo festejo en la calle y el castigo del frío que se soportó hasta la aprobación de la ley de matrimonio igualitario no opacan el orgullo en el que está embebido Esteban Paulón, secretario de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt). “Lo que más me impactó fue la cantidad de mensajes que recibí de la gente que conocí después de tantas reuniones, viajes a las provincias; mensajes hermosos de personas que se animaron a ser visibles, que fueron conmigo a la plaza a festejar”, dice este militante desde la primera hora. El punto más alto, agrega emocionado, fue el pedido de casamiento que una activista marplatense le hizo a su novia, en un plenario nacional de la Falgbt: “Volví a ver la dimensión humana de la ley, es como que te pegan un sopapo y te acordás de qué se trata”.
Ayer, muchas parejas de militantes que no se animaron a pedir matrimonio por la vía judicial en su momento, dice Paulón, “salieron del armario” y ya estaban haciendo sus planes, como las marplatenses. Otros, como la María José Di Bello y Alex Freyre, la primera pareja en contraer matrimonio en Latinoamérica, decidieron irse de una buena vez de luna de miel. “La tarea está cumplida”, dijo Freyre en una conferencia de prensa, ayer a la mañana. “Hace 200 años que nuestro Himno nos viene hablando de la igualdad: Ved el trono a la noble igualdad... Eso dice y eso estamos festejando porque hemos conseguido la igualdad”, completó su marido.
Martín Canevaro, quien también logró casarse tras presentar un amparo en la Justicia, habló de alivio. “Esto viene a sanar tanta agresión”, dijo el presidente de 100% Diversidad y Derechos y agregó: “Soportamos que se digan tantas cosas en este debate, que somos perversos, promiscuos y cuántas cosas más. A partir de ahora no se puede discriminar más. Esta ley es para eso, va a servir para que los jóvenes que todavía tienen miedo puedan vivir mejor”. Paulón, Freyre, Di Bello y Canevaro coincidieron en el profundo cambio que habrá en la cotidianidad de miles de parejas de gays y lesbianas en Argentina.
Sin embargo, como observó ayer Analía Molinari, una integrante de la organización de estudiantes autoconvocados Andamio de Santa Fe, “una ley no termina con la discriminación ni con los prejuicios”. Un coterráneo suyo, el presidente de la Asociación Vox, Guillermo Lovagnini, también resaltó este desafío: “De aquí en más, el trabajo de los activistas será por la igualdad social, tendremos que hacer un trabajo fuerte en lo cultural, porque el problema más complicado que tenemos es la homofobia”.
Entre los activistas “históricos”, como César Cigliutti, el entusiasmo dejó paso a la nostalgia. En diálogo con Página/12, el presidente de la Comunidad Homosexual Argentina contó que lloró mucho cuando estaba festejando en el escenario montado por el Instituto contra la Discriminación en la Plaza del Congreso. “Lloré como la mitad de la gente que estaba ahí y no podía dejar de abrazar a mi marido –recordó–. Lloré de la emoción y también de la tristeza por todos los compañeros y compañeras que no llegaron a vivir para ver esto. Sobre todo, me acordé de Carlos Jáuregui, el primer activista en poner su nombre y apellido, en poner el cuerpo y bancarse todas las críticas.”
Las leyes, además de dar derechos, educan. Es lo que rescató ayer Cigliutti, quien señaló que el matrimonio igualitario se inscribe en una larga acción militante y recordó aquel primer antecedente jurídico en 1992, cuando la CHA logró la personería jurídica, luego de acudir hasta la Corte Suprema de Justicia. “Esta es una conquista titánica por todo lo que se debió hacer y una conquista histórica, de esas que van a figurar en la cronología de la Argentina y de Latinoamérica”, agregó.
La presidenta de la Falgbt, María Rachid, al frente del plenario nacional de activistas por la diversidad en el porteño Hotel Bauen, señaló ayer lo que sigue por delante, al menos, parlamentariamente hablando. La ex diputada socialista Silvia Augsburguer presentó un proyecto de Identidad de Género en el Congreso, para que las y los travestis puedan tener un documento acorde a la identidad sexual que eligieron mediante un trámite administrativo, y no judicial como ocurre actualmente.
“Este no reconocimiento genera sufrimiento y dolor a muchas travestis, cuyo promedio de vida son los 35 años, por lo cual deben poder acceder a derechos humanos básicos”, dijo Rachid. Y siguió mirando para adelante:
“También vamos a estar trabajando articulados con otros sectores sociales, ya que esta ley puede abrir la puerta a otras, referidas a migrantes, discapacitados o el tema de la despenalización del aborto, que en Argentina tiene un obstáculo común con la de matrimonio, ya que la Iglesia quiere imponerse sobre el conjunto de la sociedad".
- - -
Publicado por Página 12 el 16 de Julio de 2010
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-149574.html
- - -
Por Emilio Ruchansky
La voz ronca tras el largo festejo en la calle y el castigo del frío que se soportó hasta la aprobación de la ley de matrimonio igualitario no opacan el orgullo en el que está embebido Esteban Paulón, secretario de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt). “Lo que más me impactó fue la cantidad de mensajes que recibí de la gente que conocí después de tantas reuniones, viajes a las provincias; mensajes hermosos de personas que se animaron a ser visibles, que fueron conmigo a la plaza a festejar”, dice este militante desde la primera hora. El punto más alto, agrega emocionado, fue el pedido de casamiento que una activista marplatense le hizo a su novia, en un plenario nacional de la Falgbt: “Volví a ver la dimensión humana de la ley, es como que te pegan un sopapo y te acordás de qué se trata”.
Ayer, muchas parejas de militantes que no se animaron a pedir matrimonio por la vía judicial en su momento, dice Paulón, “salieron del armario” y ya estaban haciendo sus planes, como las marplatenses. Otros, como la María José Di Bello y Alex Freyre, la primera pareja en contraer matrimonio en Latinoamérica, decidieron irse de una buena vez de luna de miel. “La tarea está cumplida”, dijo Freyre en una conferencia de prensa, ayer a la mañana. “Hace 200 años que nuestro Himno nos viene hablando de la igualdad: Ved el trono a la noble igualdad... Eso dice y eso estamos festejando porque hemos conseguido la igualdad”, completó su marido.
Martín Canevaro, quien también logró casarse tras presentar un amparo en la Justicia, habló de alivio. “Esto viene a sanar tanta agresión”, dijo el presidente de 100% Diversidad y Derechos y agregó: “Soportamos que se digan tantas cosas en este debate, que somos perversos, promiscuos y cuántas cosas más. A partir de ahora no se puede discriminar más. Esta ley es para eso, va a servir para que los jóvenes que todavía tienen miedo puedan vivir mejor”. Paulón, Freyre, Di Bello y Canevaro coincidieron en el profundo cambio que habrá en la cotidianidad de miles de parejas de gays y lesbianas en Argentina.
Sin embargo, como observó ayer Analía Molinari, una integrante de la organización de estudiantes autoconvocados Andamio de Santa Fe, “una ley no termina con la discriminación ni con los prejuicios”. Un coterráneo suyo, el presidente de la Asociación Vox, Guillermo Lovagnini, también resaltó este desafío: “De aquí en más, el trabajo de los activistas será por la igualdad social, tendremos que hacer un trabajo fuerte en lo cultural, porque el problema más complicado que tenemos es la homofobia”.
Entre los activistas “históricos”, como César Cigliutti, el entusiasmo dejó paso a la nostalgia. En diálogo con Página/12, el presidente de la Comunidad Homosexual Argentina contó que lloró mucho cuando estaba festejando en el escenario montado por el Instituto contra la Discriminación en la Plaza del Congreso. “Lloré como la mitad de la gente que estaba ahí y no podía dejar de abrazar a mi marido –recordó–. Lloré de la emoción y también de la tristeza por todos los compañeros y compañeras que no llegaron a vivir para ver esto. Sobre todo, me acordé de Carlos Jáuregui, el primer activista en poner su nombre y apellido, en poner el cuerpo y bancarse todas las críticas.”
Las leyes, además de dar derechos, educan. Es lo que rescató ayer Cigliutti, quien señaló que el matrimonio igualitario se inscribe en una larga acción militante y recordó aquel primer antecedente jurídico en 1992, cuando la CHA logró la personería jurídica, luego de acudir hasta la Corte Suprema de Justicia. “Esta es una conquista titánica por todo lo que se debió hacer y una conquista histórica, de esas que van a figurar en la cronología de la Argentina y de Latinoamérica”, agregó.
La presidenta de la Falgbt, María Rachid, al frente del plenario nacional de activistas por la diversidad en el porteño Hotel Bauen, señaló ayer lo que sigue por delante, al menos, parlamentariamente hablando. La ex diputada socialista Silvia Augsburguer presentó un proyecto de Identidad de Género en el Congreso, para que las y los travestis puedan tener un documento acorde a la identidad sexual que eligieron mediante un trámite administrativo, y no judicial como ocurre actualmente.
“Este no reconocimiento genera sufrimiento y dolor a muchas travestis, cuyo promedio de vida son los 35 años, por lo cual deben poder acceder a derechos humanos básicos”, dijo Rachid. Y siguió mirando para adelante:
“También vamos a estar trabajando articulados con otros sectores sociales, ya que esta ley puede abrir la puerta a otras, referidas a migrantes, discapacitados o el tema de la despenalización del aborto, que en Argentina tiene un obstáculo común con la de matrimonio, ya que la Iglesia quiere imponerse sobre el conjunto de la sociedad".
- - -
Publicado por Página 12 el 16 de Julio de 2010
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-149574.html
- - -
Suscribirse a:
Entradas (Atom)