jueves, 16 de julio de 2009

La FELGTB condena la actitud contra homosexualidad en India de las jerarquías católica y musulmana

La Comunidad Musulmana y la Iglesia Católica indias piden que se ilegalice la homosexualidad sin que sus jerarquías reaccionen

[13/07/2009] La India ha despenalizado la homosexualidad, pero las reacciones de los fundamentalismos católico y musulmán no se han hecho esperar en el país y ya se han movilizado para que se restaure la ley. La norma que ilegalizaba la homosexualidad no era sino un lastre para lesbianas, gays y bisexuales, que no sólo les discriminaba y coartaba su libertad, sino que les suponía penas de cárcel.

Es por ello que la FELGTB condena una nueva actitud homófoba no sólo de la Iglesia Católica y la Comunidad Musulmana de India, sino de sus jerarquías que avalan los intentos porque la homosexualidad sea reprimida por la ley. Ello va en consonancia con la actitud del pasado diciembre del Estado Vaticano que se opuso a la propuesta de Francia en la ONU para la despenalización universal de la homosexualidad.

“Es una vergüenza para todas las personas creyentes que se utilice la religión para condenar y castigar al ser humano por el simple hecho de querer amar en libertad”, ha afirmado Juan Antonio Férriz, coordinador del Área de Asuntos Religiosos de la FELGTB. “La religión debe ser liberadora de la persona, pero es muy triste la manipulación que se hace para esclavizarla y someterla a la voluntad de unos pocos, cuando esto ocurre se convierten en sectas destructivas para el individuo y para la sociedad en general”, “la condena de la homosexualidad no tiene más fundamento teológico que el desconocimiento, la falta de respecto al ser humano y la homofonía.

Para más información: http://www.felgtb.org/

Nayra Marrero Jaén
Prensa
913 604 605
prensa@felgtb.org

lunes, 13 de julio de 2009

Buenos Aires no está nada bueno

Página 12 del 13 de Julio de 2009

DURANTE EL GOBIERNO DE MACRI, 113 PERSONAS MURIERON EN LAS CALLES DE FRIO, HAMBRE Y ABANDONO


Pasaron tres años y, ya con 22 cumplidos, un día la ambulancia del SAME se lo llevó de urgencia con una neumonía.
Ante el vacío total de estadísticas y preocupaciones por parte de la administración porteña, la ONG Proyecto 7 enumeró y contabilizó 113 casos de personas sin techo que fallecieron por males de la indigencia. Página/12 recorrió las calles y esas historias del abandono.

Por Gustavo Veiga Imagen: Pablo Piovano

“Los ojos de los muertos se cierren cuidadosamente,
con no menos cautela
deberíamos abrirlos ojos de los vivos."
Jean Cocteau

El 113 no es un número azaroso ni arbitrario. Señala las muertes ocurridas entre 2008 y 2009 que contabiliza la ONG Proyecto 7 entre las personas que viven en situación de calle en la Capital Federal. Un combo letal las provocó: la indigencia y la pobreza estructurales, la deficitaria política del Estado porteño en salud, vivienda y alimentación y los de-salojos compulsivos combinados con las enfermedades, adicciones y bajísimas temperaturas registradas en estos días del año.
Aquella cifra cobra vida cuando se revelan historias que la explican mejor, que hablan de existencias miserables, de seres que se levantan y se acuestan a la intemperie. Página/12 registró varios casos apoyándose en los datos de la organización que los denunció, en Médicos del Mundo que cuenta con un móvil de asistencia y contención que recorre la ciudad y en los testimonios de quienes todavía siguen durmiendo en plazas o parques, y debajo de los puentes y autopistas.

Raúl Puerta, alias “El Colo”, tenía 32 años aunque por su aspecto avejentado aparentaba muchos más. Había perdido a toda su familia en un accidente y el impacto de ese hecho lo quebró.
Estudiante de Derecho, solía ser animador de las ranchadas en Plaza Congreso, donde alternativamente ocupaba distintos bancos para dormir. Sus compañeros de infortunio lo recuerdan como un hombre instruido, respetuoso y que llevaba la marca en el orillo de una solidaridad a la que empuja la calle para sobrevivir. “Si tenía un solo cigarrillo era capaz de romperlo al medio para compartirlo”, cuenta Horacio Avila, el presidente de Proyecto 7, la organización que ayuda a la gente que vive en la calle, como le sucedió a él entre 2002 y 2007.

El Colo paraba en un bar de la avenida Entre Ríos, casi en la esquina con Hipólito Yrigoyen. Ahí, a cambio de su trabajo, recibía unos pesos y le daban de comer. Una noche se acercó al grupo de otras personas sin techo que dormían en el umbral del edificio de la ex Caja Nacional de Ahorro Postal, enfrente de Plaza Congreso. Se sentó junto a ellos, pero el cuerpo no le paraba de temblar.
Alguien decidió llamar al SAME desde un teléfono público y cuando la ambulancia llegó, Puerta no se quiso subir. La respuesta a esa negativa fue la desatención. Avila todavía tiene muy fresco el episodio. Con otros indigentes intentaron llevarlo hasta el hospital Ramos Mejía pero les resultó imposible. Cada vez que intentaban ponerlo de pie se caía. Buscaron darle solución momentánea al problema acostándolo en un banco y lo taparon con una manta. El grupo se dividió: unos buscaron ayuda en el hospital y otros se quedaron con él.

Cuando los primeros volvieron ya no había nada que hacer. El cuerpo del Colo estaba rígido como una estatua. Así murió, después de alternar días de lucidez con largas noches de ebriedad. El alcohol, pero el alcohol fino, combinado con una mayor proporción de agua, es la bebida de los habitantes de la calle. Se llama “cachuña”. Y alrededor de un recipiente improvisado donde se la sirve transcurren las horas de muchos que no tienen un techo para protegerse.

Hugo Benjamín Carranza, “el Gendarme”, falleció cuando tenía 58 años. Afecto a contar historias de frontera, de cómo la vida transcurría en un destacamento o se contrabandeaba, solía cuadrarse ante una bandera imaginaria y hasta se lo veía marchar en las inmediaciones de la Plaza 1º de Mayo, ubicada entre Hipólito Yrigoyen, Pasco, Alsina y Pichincha. Cuidaba autos en la primera calle, donde se encuentra una dependencia de la AFIP, y lo hacía hasta bien entrada la tarde. Quería volver a su Chaco natal, donde pensaba que podría darle un giro a su vida.
En esa plaza funciona una de las ranchadas más organizadas de Buenos Aires. El Gendarme Hugo, que a todos les contaba su paso por la fuerza de frontera, un día muy temprano, casi con el despuntar del alba, apareció sentado en un local vacío y de grandes ventanales sobre la calle Alsina, muy cerca del Shopping Spinetto. Un compañero, creyendo verlo dormido, intentó despertarlo para que fuera a desayunar a Rincón y Chile, la cita obligada de cada mañana. Lo tocó y no reaccionó, lo empujó y el hombre se despatarró por el piso. Estaba muerto. El frío había acabado con él. Pero desde mucho tiempo antes su vida acumulaba golpes de la burocracia porteña. Una y otra vez había tramitado un subsidio. Una y otra vez se topó con la misma respuesta negativa por ser un hombre solo y no tener familia a cargo.
Los ucranianos
Igor Kirilenko, según los datos que aporta la enfermera Mary Barrios, de Médicos del Mundo, murió a fines del año pasado. Era ucraniano y pedía limosna en la zona del Parque Lezama. No había elegido ese lugar en vano. Sobre la calle Brasil se encuentra la iglesia ortodoxa rusa de la Santísima Trinidad, que parece sacada de una postal de San Petersburgo. Como otros inmigrantes y marineros de origen eslavo nacidos en las ex repúblicas soviéticas, quedó varado en Buenos Aires y se las rebuscaba como podía.
Algunos hacían changas o vendían café y cubanitos en la calle. Cuando el trabajo escaseaba, le pedían ayuda al sacerdote de la iglesia de las cinco cúpulas color turquesa. A los primeros que llegaron al país tras la caída de la URSS les costó mucho sobrellevar la crisis del 2001, la falta de oportunidades y vivir en la calle. La ingesta de vodka o hasta la cachuña que también probaron, les provocó cirrosis o la muerte por coma alcohólico.
Andrés, a secas, así recuerdan a otro ucraniano los sin techo de la plaza 1º de Mayo. Lo habían bautizado de ese modo porque el nombre que tenía era muy difícil de pronunciar. A diferencia de Kirilenko era mucho más joven. Alto y rubio. Hablaba bastante bien el castellano. Buscó trabajo con insistencia pero nunca encontró uno fijo, más o menos perdurable. Entonces se juntó con un cubano –hay varios en condición de calle– y comenzó a prostituirse como taxi boy. Sentado en un banco de la plaza y con una botella de vino tinto entre sus manos, podía vérselo llorando en silencio, acaso añorando su país y su familia.
Pasaron tres años y ya con 22 cumplidos, un día la ambulancia del SAME se lo llevó de urgencia con una neumonía. Sus atribulados compañeros se enterarían después que murió camino al Hospital Muñiz. El sida, además del alcohol, había hecho estragos en su cuerpo.
Morir en la iglesia
El sacerdote Jorge Enrique Alonso da misa en la parroquia Corazón de María que se levanta en la continuación del trazado de la avenida 9 de Julio hacia el sur, frente a la plaza Constitución. A fines de 2008, un hombre que vivía en la calle llamado Julio falleció en el interior de la iglesia mientras desayunaba. Tenía 50 y pico, su documento en regla y terminó en la morguera de la Policía Federal que se lo llevó junto a tres cadáveres más.
“Fue un domingo, lo recuerdo muy bien. No hacía el crudo invierno de ahora y esta persona se quedó dura en la mesa. Había terminado el desayuno, y mientras la gente se levantaba, el hombre, como quien dormía, cruzado de brazos, no se movía. Alguien le puso los dedos en la yugular para tomarle el pulso, pero ya no tenía latidos. Había perdido el control de sus esfínteres y estaba orinado. Llamamos al SAME, vino una doctora que le colocó unos aparatos y comprobó que había muerto. Se lo cubrió con una sábana y a la tarde vino la morguera a buscarlo. Yo no recuerdo más datos de él, aunque lo que pasó está registrado en el libro parroquial”, describe el padre Alonso, quien ya formuló una denuncia ante la Defensoría del Pueblo por la agresión de la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público que depende del Ministerio de Ambiente porteño) a un indigente que vive al lado del templo, debajo de la autopista.
El joven que se abandonó
Martín Franco murió de tuberculosis. Es la misma persona de la que hablan Ramón Antonio Rivero, un porteño de 31 años que vive en la calle y la enfermera Barrios, de Médicos del Mundo. Los dos coinciden en que falleció recientemente, que era alto y delgado, portador de HIV y en que solía andar por el barrio de Balvanera. La ONG conserva su historia clínica porque solían atenderlo sus profesionales.
“Vivía en la manzana del Spinetto. Ahí tenía al hermano que laburaba en un galpón de verduras que se llama Caputo. Martín tenía problemas con la familia y se tiró al abandono. Después empezó a tomar alcohol, se le infectaron las piernas y lo llevaron a un hospital, adonde no lo atendieron como correspondía. Iba a la guardia una o dos horas, se cansaba y no volvía más.
Murió en el hospital Ramos Mejía”, cuenta Ríos, un hombre morocho, de baja estatura, también portador de HIV, que cuando no lo hostiga la policía duerme en la Terminal de Omnibus porque ya no quiere hacerlo en el parador de Retiro. “Me fui por un muchacho que trabaja ahí y trata mal a la gente. A ese lugar le metieron muchas denuncias, como una por el caso de un señor al que hacían dormir en una silla porque tiene sarna.”
A Ríos la cifra de 113 muertes le parece exigua: “Y sí, creo que hay más gente. Eso se ve en los refugios, en hogares, y es por la falta de atención médica. Se preocupan más por ganar dinero que por tratarnos como seres humanos. Somos un trapo de piso...”. Además de Franco y el ucraniano Kirilenko, en Médicos del Mundo registraron este año el caso de Pedro Talavera, otra persona en situación de calle que falleció en los primeros meses de 2009. La ONG fundada en Francia y con delegación en nuestro país no lleva estadísticas de decesos, pero sí de consultas en su unidad móvil, lugar de procedencia de los sin techo, zonas de pernocte y nivel de estudio de los afectados, entre más rubros (ver aparte).
Proyecto 7 interroga desde una publicación con sus propias cifras: “¿Sabía usted que actualmente en la ciudad de Buenos Aires hay más de 15.000 personas en situación de calle? ¿Y que de esas 15.000 personas 4500 son niños en edad escolar y 2000 son abuelos con toda una vida de trabajo detrás y que hoy están abandonados en la calle?”
La segunda pregunta de una serie de diez, es la que motiva esta nota: “¿Sabía usted que en los últimos dos años en la ciudad de Buenos Aires murieron 113 personas en situación de calle a causa del frío y enfermedades diversas?” La ONG tiene una respuesta muy simple para esa denuncia inquietante: “La calle no es un lugar para vivir”, dice una de sus banderas.
En la Capital Federal, según los cálculos más optimistas, se amontonan en los umbrales de edificios públicos, estaciones de tren o subte y autos abandonados, entre 8000 y 10.000 personas. De lugares más abiertos como parques y plazas los vienen corriendo desde hace tiempo la Policía Federal o la patota de la UCEP. Quienes no sobreviven terminan en la morgue o como NN en la Chacarita. Se explica: el 85 por ciento no tiene ninguna cobertura de salud –ni siquiera estatal– y el 30 por ciento está indocumentado.

El sexo pierde al Vaticano

El Pais del 31 de Mayo de 2009

Las violaciones y sevicias descubiertas en Irlanda se han producido en otros muchos países - La jerarquía católica practica una política de secretismo y ocultación

JUAN G. BEDOYA 31/05/2009

"Si no podemos ser castos, al menos seamos cautos". Esta ironía, que el pensador George Bernanos pone en boca de su simpático cura rural, define el espíritu con que la Iglesia romana se enfrenta a los comportamientos sexuales de sus clérigos.

"Si no podemos ser castos, al menos seamos cautos". Esta ironía, que el pensador George Bernanos pone en boca de su simpático cura rural, define el espíritu con que la Iglesia romana se enfrenta a los comportamientos sexuales de sus clérigos. Lo malo es cuando la hipocresía o el ocultamiento alcanzan a actividades delictivas, como la pederastia y otros abusos de poder. Es esa política de secretismo, avalada por el Vaticano, la que ahora tiene sumida a la jerarquía católica en un escándalo de colosales proporciones. Afecta a la muy católica Irlanda. Los hechos son devastadores, con testimonios de 1.000 alumnos en 216 escuelas, reformatorios u orfanatos, y relatos estremecedores de violaciones, abusos y sevicias a niños y niñas, habitualmente de hogares humildes.

Lo sucedido en Irlanda se ha producido en otros muchos países. En España hay numerosas denuncias, con media docena de condenas judiciales contra sacerdotes pederastas. Pero es difícil conocer la magnitud del problema, dada la tendencia de la jerarquía a ignorar, e incluso tapar, los escándalos. Las instrucciones del Vaticano son sintomáticas. Ante cualquier denuncia, hay que asegurar la reserva total, dice una instrucción de 1962.

Cuando Dante Alighieri describió en la Divina Comedia el sufrimiento, en lo más hondo del Infierno, de numerosos sodomitas, se detuvo sobre todo en un grupo de sacerdotes libertinos.

También encuentra allí a un obispo de Florencia. El poeta se cansa pronto de ajustar cuentas "ante pecado tan notorio". "Saber de alguno es bueno / de los demás será mejor que calle / que a tantos como son el tiempo es corto", se disculpa (Canto XV).

Por entonces, se castigaba severamente a los eclesiásticos de vida depravada. Un decreto papal de 1568, titulado Horrendum, ordenó que "los sacerdotes que abusen serán privados de todos los oficios y beneficios, y entregados a los tribunales seculares para su castigo". Se ha incumplido con escandalosa frecuencia.

El caso más notorio es la protección de Juan Pablo II al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Durante décadas, Maciel y algunos de sus lugartenientes sometieron a abominables abusos a cientos de muchachos, especialmente en el seminario de Ontaneda (Cantabria). Sólo tras la muerte del Papa polaco, en 2005, el famoso pederasta fue apeado de su enorme poder, con la orden tajante de alejarse de Roma. Se recluyó en México. Fue su único castigo en vida. Falleció ahora hace un año.

El primer escándalo por ese comportamiento encubridor se produjo en Italia en una de las escuelas pías del aragonés José de Calasanz. Fundador de la Orden de Clérigos Regulares Pobres, conocidos ahora como escolapios, Calasanz reprimió la divulgación del abuso sexual de niños por sus sacerdotes. Pagó por ello. Uno de los pedófilos, el padre Stefano Cherubini, tuvo tanto éxito en el encubrimiento de sus delitos que incluso llegó a ser superior de la orden, arrinconando al fundador. La orden fue clausurada por Inocencio X. Calasanz murió a los 91 años en Roma, todavía en desgracia. Ocho años después, Alejandro VII lo rehabilitó. Fue hecho santo en 1767.

El sexo fue un asunto desprovisto de importancia para los primeros cristianos y es prácticamente ignorado por san Pablo (el temperamental apóstol llegó a decir que "es mejor casarse que abrasarse"). Pero pronto se impuso la idea de que el celibato era superior, el matrimonio inferior, y el sexo, en consecuencia, un acto perverso. Fue el obispo Ambrosio de Milán (373-397) quien desbrozó el camino. Hombre "imponente", según san Agustín (por su sabiduría y porque "leía sin hablar", un hábito desconocido en el mundo clásico), Ambrosio impuso el criterio de que la vida conyugal era incompatible con una carrera en la Iglesia. "Incluso un buen matrimonio es la esclavitud", dijo. De ahí al celibato obligatorio de los eclesiásticos quedaba un paso, entre agrias disputas.

La pertinaz decisión de ocultar o proteger las desviaciones sexuales de los clérigos disolutos, incluso cuando son delictivas, tiene que ver con el concepto heroico que los eclesiásticos tienen de sí mismos. "La Iglesia es una preciosa élite de superhombres porque el espíritu actúa en ellos.

Hay que defenderla de la contaminación, venga de donde venga", predica Tertuliano.
Julio Pérez Pinillos, ex presidente de la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados (FISCC), cree que el escándalo de los abusos sexuales por sacerdotes "remite a la inconveniencia de mantener esa ley eclesiástica medieval y no evangélica". "El celibato obligatorio favorece relaciones clandestinas, y da pie a abusos que sufren sobre todo los menores, las mujeres y la descendencia cuando se da. Qué buen servicio haría a la claridad evangélica y al merecido buen nombre de muchos sacerdotes y religiosos y religiosas entregados a las comunidades cristianas la revisión de esa ley del celibato, formulada a mediados del siglo XII".
Emilia Robles Bohórquez, de la organización Proconcil, subraya, por su parte, que "no es toda la Iglesia quien delinque", pero que compete a toda la Iglesia, "con valor, transparencia y energía, afrontar el hecho". Añade: "Dada la gravedad de las situaciones, hay que revisar la manera de afrontar la sexualidad, pero antes urge limpiar y desinfectar los sótanos de algunas instituciones que, lejos de lo que dicen ser, son, con demasiada frecuencia, nidos de bichos". Robles cree que en ese empeño de limpieza, la jerarquía necesita "colaborar con las instituciones civiles y alejarse de complicidades y victimismos".

Pese a que fue entre los esclavos, los humildes y las mujeres entre quienes primero se propagó el cristianismo, la agresiva tradición antifeminista avanza pronto en la nueva organización eclesiástica. Es ese desprecio a la mujer, incluso el aborrecimiento, por donde se ha colado el afán de dominación y todo tipo de abusos, sobre todo sexuales. No es posible comprender esos comportamientos prepotentes sin escuchar a los padres de la Iglesia proclamando la abyección de la mujer y el sexo. Así se explica, también, que las principales víctimas, por millares, de la Santa Inquisición fuesen mujeres, arrastradas a la hoguera por brujas o portadoras de pecado.

Había dicho, por ejemplo, san Juan Damasceno: "La mujer es una burra tozuda, un gusano terrible en el corazón del hombre, hija de la mentira, centinela del infierno". Y santo Tomás de Aquino: "La mujer es un hombre malogrado. Un ser ocasional: sólo el hombre ha sido creado a imagen de Dios". O Alberto Magno: "La mujer es un hombre ilegítimo y tiene la naturaleza incorrecta y defectuosa". Incluso el gran Agustín, obispo de Hipona, sostuvo que "el marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer", y que "nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer". ¿Hablaba por experiencia? Padre de un chico al que llamó Deodato (dado por Dios), repudió a la madre sin contemplaciones para hacer carrera eclesiástica.

Otro cantar es la homosexualidad entre el clero cuando se convierte en signo de poder o antesala de abusos pedófilos. Sostiene Ramón Teja, presidente de la Sociedad de Ciencias de las Religiones y catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria: "Era lugar común en la literatura ascética de la antigüedad que la decadencia del monacato se produjo por la presencia de jóvenes en los cenobios. Lo advertían los padres del desierto con dichos como éstos: 'Un diablo fue a golpear a la puerta de un cenobio y vino un joven a abrirle. El demonio, al verle, dijo: Si estás tú aquí no hay necesidad de mí'. Para los monjes, los jóvenes, más que las mujeres, son un lazo del diablo". Otro dicho de época: "Donde hay vino y jóvenes no se necesita a Satanás".

Teja ve en los casos de abuso un hilo conductor común: la idea de que el sexo no cuadra bien con lo sagrado. "No he encontrado textos que reflejen mayor tolerancia hacia la fornicación homosexual que hacia la heterosexual, pero es reveladora esta sentencia que parece reflejar una cierta graduación de pecados: 'El monje no debe cultivar la amistad con un joven, ni el trato con una mujer, ni tener amistad con un hereje".

Las cosas no han mejorado en la actualidad. Todavía en 2001 el teólogo redentorista Marciano Vidal fue castigado por la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición) por considerar la sexualidad humana como "un lujo de la naturaleza" (la persona, un ser sexuado, un modo de percibir al otro, etcétera), y por entender las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad o la masturbación. La severa notificación inquisitorial contra el gran moralista español lleva la firma del cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.

El libro de Marciano Vidal Moral de actitudes es una referencia imprescindible para comprender las agitadas relaciones del cristianismo con el sexo y la mujer. Vidal recuerda en Moral del amor y de la sexualidad que "castidad" procede de "castigo" ("que la razón impone a la concupiscencia domándole como a un niño", escribe santo Tomás de Aquino).
Marciano Vidal, por cierto, subraya la indulgencia con que el buen san Alfonso contempla un escote (ubera) de mujer. "Pectus non est pars vehementer provocans ad lasciviam" ("El pecho no es parte que provoque vehementemente la lascivia"), escribe el fundador de los redentoristas.

Hay una simpática anécdota del papa Juan XXIII ante la exuberante Sofía Loren. Cuando era nuncio en París, el carismático Papa del Concilio Vaticano II se encontró en un acto oficial con la actriz italiana, que lucía generoso escote. "¡Benedetto, quel Calvario!", suspiró con sonrisa desarmante, para regocijo de los presentes. Fue beatificado por Juan Pablo II en el año 2000.

El argumento libidinoso se sostiene muchas veces para expulsar del sacerdocio a la mujer. Se lo recuerda Umberto Eco al cardenal Carlo Maria Martini en el diálogo publicado con el título ¿En qué creen los que no creen? Eco dice al cardenal que Tomás de Aquino usa el argumento propter libidinem (a causa de la lujuria) porque si el sacerdote fuese mujer, los fieles (varones) se excitarían al verla. Rebate Eco: "Dado que los fieles son también mujeres, ¿qué ocurre entonces con las muchachitas que podrían excitarse ante un cura guapo?". El autor de El nombre de la rosa recuerda al prelado las páginas de Stendhal en La Cartuja de Parma sobre los fenómenos de incontinencia pasional suscitados por los sermones de Fabrizio del Dongo.

“Los obispos sólo protestan por asuntos de la zona pélvica”

Ecupres del 1 de Junio de 2009

Por Mónica Ceberio Belaza (*)

Alfriede Harth es la representante para Europa de Catholics for Choice (Católicos en favor del Derecho a Decidir), una ONG que nació hace 35 años en las escaleras de la catedral de Nueva York (Estados Unidos de América) cuando tres mujeres, católicas, protestaron por la posición pública de los obispos contra "Roe versus Wade", la sentencia del Tribunal Supremo que reconoció en EUA el derecho al aborto.

La semana pasada estuvo en Madrid (España) para participar en unas jornadas organizadas por la Federación de Planificación Familiar de España y, como sus tres colegas en 1973, pidió a la Iglesia que se mantenga al margen del debate sobre la reforma de la ley del aborto: "Los obispos no deben meterse ni interferir en los procesos legislativos".

A pesar de su nombre, Elfriede Harth es colombiana. Hija de padre alemán, estudió en un convento de monjas ursulinas y después en el prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París. Va a cumplir 60 años, tiene cinco hijos y cinco nietos y está divorciada. La organización a la que pertenece -que no tiene socios afiliados pero maneja un presupuesto anual de tres millones de euros- sostiene que la tradición católica permite a las mujeres decidir sobre su sexualidad y sobre la maternidad. Diga lo que diga el Vaticano.

Recuerda que no siempre ha habido acuerdo dentro de la Iglesia. "Santo Tomás aceptaba el aborto cuando decía que no existía un ser humano hasta los 40 días de gestación si se trataba de un varón y hasta los 90 si era una niña". San Agustín también escribió que "el acto del aborto no se considera homicidio, porque aún no se puede decir que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación, ya que todavía no se ha formado la carne y no está dotada de sentidos". "Por otro lado", añade Harth, "si se considera a cualquier embrión o feto como humano ¿por qué no los bautizan?".

"Nosotras somos la voz religiosa dentro de las asociaciones de mujeres y la voz de los derechos sexuales y reproductivos dentro del movimiento de base de la Iglesia católica", añade mientras come apresurada un bocadillo de jamón en su visita relámpago a España.

Está siguiendo con gran interés el debate sobre la reforma de la ley del aborto y le gusta el anteproyecto aprobado por el gobierno "porque es respetuoso con la voluntad de las mujeres". Contempla "asombrada" el papel que está jugando la Iglesia en el proceso. "La jerarquía católica se empeña en influir en las políticas públicas, y los obispos presionan a los gobiernos para negar a las mujeres el derecho a decidir. No tienen en cuenta que no todos los españoles son católicos, ni que no todos los católicos están de acuerdo con sus ideas sobre la sexualidad".

Su organización rechaza que los obispos sólo salgan a la calle "para protestar por asuntos de la zona pélvica, no por guerras ni por vulneraciones de derechos humanos". "Sólo este tema les obsesiona", afirma. "De hecho, durante muchos siglos, el aborto fue pecado no por vulnerar el quinto mandamiento -no matarás- sino el sexto, que prohíbe fornicar. Y si nos centramos en el 'no matarás', también habría que recordarles que ellos mismos han previsto excepciones como la legítima defensa, la guerra justa y, hasta hace bien poco, la pena de muerte".

"Los católicos que no nos identificamos con estas ideas debemos alzar la voz", dice. "Tenemos una encuesta realizada en Brasil en 2007 que señala que el 65% de los católicos estaban de acuerdo en ampliar la restrictiva ley del aborto. Otra, de 2003, señalaba que dos de cada tres bolivianos y siete de cada cuatro mexicanos defendían que el embarazo pudiera interrumpirse en algunos casos".

¿Es lícito discrepar en una organización religiosa en la que la fuerte estructura jerárquica procede, supuestamente, de Dios? "Sí porque no ha sido siempre así", se apresura a matizar. "El Concilio Vaticano I, a finales del XIX, fue el que consagró esta estructura piramidal, una monarquía absoluta en la que la base no puede participar. Esto debe cambiar. La jerarquía no puede actuar contra la voluntad de los fieles. Es necesario un debate serio sobre los derechos sexuales de las mujeres".+ (PE/Mercosur Noticias)

(*) Publicado en el diario "El País", de Madrid, España, fue editado por Mercosur Noticias.

sábado, 11 de julio de 2009

Iglesia Luterana elige obispa lesbiana

ALC Noticias del 10 de Julio de 2009

Adversarios de la pastora luterana Eva Brunne, de 55 años, recién electa como obispa de Estocolmo, presentaron seis recursos para invalidar la elección. Ella es lesbiana y venció a su adversario, el pastor Hans Ulvebrand, por 412 votos a 365.

Estocolmo, viernes, 10 de julio de 2009

“Las polêmicas eran previsibles”, declaró Eva a la periodista Anais Ginori, del diario La Repubblica. La obispa tiene una compañera, Gunilla Linden, que hace tres años dió a luz al hijo de ambas. “Gunilla es pastora como yo, el hecho es que eso facilita nuestra relación”, dice la obispa.

Después de ser electa, la obispa de Estocolmo concedió entrevistas a la revista gay más conocida de Suecia, la “QX”, y a la revista francesa “Tetu”, del mismo gênero.

En el entorno europeo, el Sínodo de la Iglesia Luterana de Suecia se pronunciará al respecto de la celebración de casamientos entre personas del mismo sexo.

En Suecia, el sacerdocio femenino fue autorizado al final de los años 50, pero solamente en 1971, la pastora Margit Sahlin asumió una parroquia. Según una investigación, las pastoras ganan cerca de 400 euros menos que sus colegas hombres. De los 14 obispos de la iglesia 12 son hombres.